Microcosmos, 2017

Madera pintada de acrílico sobre óleo y moqueta

200 x 200 x 65 cm

Microcosmos es un habitáculo hecho de madera, cuyas medidas corresponden a mi propia fisonomía. A nivel técnico, el interior de la cabaña está pintado de manera inversa, es decir, el acrílico homogeniza la gestualidad del óleo, con la idea de un deterioro futuro y su dimensión temporal intrínseca.

Como teoriza Yi-Fu Tuan en Topofilia (2007), «una causa general para huir de la ciudad era, y todavía lo es, un vago temor de ser aniquilado, el temor a lo que la vida urbana tiene de confusión y de exceso». Por ello, exploro el espectro rural-urbano a través del manto metafísico del solipsismo y su búsqueda de la serenidad inherente, que conlleva el retiro y la condición de crisálida que el ser humano ha ido creando alrededor de sí mismo a modo de protección.

En la línea de Wittgenstein y de sus reflexiones acerca de las acciones arquitectónicas para la construcción de su cabaña, pretendo trazar una línea que une arte y construcción arquitectónica para edificar un refugio y, a su vez, un aula de castigo, donde mostrarse pura y apocalípticamente.